Su mejor victoria ha sido colarse dentro de mi propia cabeza,
llenarme de sus artilugios y sus dogmáticas verdades,
quedarse dentro de mí,
colonizar mi cuerpo.
Porque entonces declararles la guerra
incluye declarar enemigos a aquellos que amo,
a mi propia razón,
a la programación previamente en mí instalada,
porque descolonizar mi vida implica
apropiarme de mi cuerpo, de mi mente,
crear mis propios argumentos y verdades,
abrirme, doblarme, transformarme,
mudarme esta piel tan profundamente establecida,
desterrar de mí a la madre, la virgen, la buena niña,
la abnegación eterna, la entrega, la hija, la mujer decente,
Descolonizarme implica
hacerme responsable de mí misma,
sin rumbos preexistentes,
yo dueña, yo señora, yo amante de mí misma,
dueña de mí y mis palabras,
de mi destino, mi tiempo, mis afectos y tambien mis soledades,
implica volar sin plan de vuelo
una vida sin parámetros, pero sí con utopías.