24 de julio de 2008

Viejo

Te veo allí, arrullando tus dolores, acurrucado feto, asiéndote a la nada.

Te veo y me dolés tan terco, tan testarudo, queriendo ser el héroe, y no lo sos más. Sos un anciano, y yo, ninguna amazona, ninguna superheroa voladora, envejeciendo tras tus huellas.

Soy feto acurrucado en tu sombra, más indefensa, más desolada, tan terca y testaruda, como si fuésemos la misma carne.

Gota

Soy una gota

recostada en el filo de una hoja

a punto de reventar al mínimo toque del viento.

De la Historia

y es que a nadie le importa si me desgarran

si me violan, si me matan

si me rompen las ropas o el alma

a nadie le importa si me muero por dentro o me desangro hacia afuera

soy una,

una mujer más,

destinada a ser ninguna en esta historia

No pasa nada


Luego de tanto trabajo, tantas energías mezcladas, tanto derroche de adrenalina, vino un silencio implacable. Un silencio contundente, un muro impenetrable, sin una grieta visible. De esta forma funcionan las cosas, hubieron muchos sentimientos contrariados, furia pasiva al ver nuestro atrevimiento revistiendo las paredes. Y tan fácil fue anularnos, hacer la vista a un lado, tirar con fuerza de una pancarta o recubrir la pinta con pintura blanca "pureza". Es tan fácil ocultarnos, no mostrarnos, no dignarse si quiera a pronunciarnos. Ley de Hielo la llamabamos de niños, un silencio anulador, un no-nombrar que margina, que anula, que destierra, ostracismo total el de este silencio social. Una Ley de Hielo decretada a las lesbianas, las lesbianas feministas, las rebeldes, las lindas y locas que se mueven por debajo de la ropa de la realidad para que pique, para que duela, para que moleste seguir pretendiendo que en este país, no pasa nada.

Tu adiós es sólo el principio

de este pánico maldito

cuasi dolor

agujero en el vientre

temblor de piernas

punzadas en mi cabeza

así es este miedo, así de profundo

con toda la certeza de una tragedia inminente

sensación de llanto sin fin

al que no dejaré salir

o me diluvia

5 de julio de 2008

Memoria olfativa

Mientras caminaba con mi perrita me detuve a olfatear los árboles de un arriate. Cual canina olfatee con cuidado, arranqué unas hojitas para incrementar la sensación, una sensación fresca y cítrica invadiendo mis mucosas, y me sentí en casa.

Me sentí en aquel campo de la colonia donde crecí, subida en los árboles, observando a los otros niños, el paso lento de algunos vecinos, la soledad de las casas allí tendidas en lo plano, observadas por las lomas que las rodean. Recordé la fascinación de la perspectiva de las cosas desde lo alto, la sensación de poder y de autonomía al subir a los árboles más altos. Y esa maña que ahora repito de tomar una rama para llevarla a mi rostro.

Ingenuamente pensé que este árbol que ahora huelo provino de una semilla de aquel al cual vi crecer desde los tres años. Y es que todos tenemos esa memoria ólfativa, que nos hace viajar de un lado a otro, a la cocina de la abuela, a la panadería, a Pollo Campero, los olores, son bienes tan preciados como los sabores y no digamos como los objetos materiales. En estos tiempos en los que proliferan los museos, por que no abrimos un museo que preserve nuestra memoria olfativa, y nos ponemos a vender viajes a todos lados, a aquellos lugares irrepetibles a los que nos hagan llegar los olores, una probadita de aquel olor expedido por una persona que extrañáramos, si cobraramos por olida de la melancolía, quizás tendríamos un museo más sostenible que aquellos llenos de objetos con los cuales simplemente no nos conectamos.

30 de junio de 2008

Sueños mínimos

Aquí estamos, en medio de la vida y de la muerte. Humanos, reales, concretos. Estamos sumidos en un ritmo humeante de camionetas y bocinas, en alucinaciones colectivas de la hora de entrada al trabajo. Estamos medio vivos, caminando hacia el trabajo, hacia la casa, hacia la guardería, hacia cualquier lugar, intentando no pensar en los millones de veces que haremos las mismas cosas, pisando los mismos lugares, escucharemos las mismas canciones, y veremos las mismas caras frustrantes. Porque vivir aquí, es una imposibilidad concreta, una cerca alta construída con bloques transparentes. Una familia, una casita, un buen trabajo, sueño mínimo de cualquier fantasioso suburbano.