24 de marzo de 2010

Desmitificar el llanto

Hay que desmitificar el llanto, resignificarlo como una posibilidad de sacar aquello con lo que nuestro cuerpo no puede. dejar de significarlo como debilidad en el marco del "looser" bajo el esquema del "exito" en la ideología hegemónica.

Necesitamos ser débiles, permitirnos serlo, reconocer nuestros límites, nuestras vulnerabilidades, nuestra humanidad, aprender a estar con los otros, a pedir ayuda, a reconocerlos necesarios en esta nuestra humanidad que se origina de la vida en comunidades, en sociedades.

Hay que darnos el chance de pedir ayuda, y también de tender la mano, de hacer nuestra cotidianeidad un ejercicio de la conexión desde nuestras humanidades, con nuestras capacidades y nuestros límites. Una persona es un universo, es una potencialidad exquisita, pero no lo es todo, ni todo lo puede.

No hay que tenerle miedo a la vida, al dolor, al llanto, que es parte de la vida. No te asustes cuando lloro, que es mi cuerpo sanando, no le tengas miedo a mi dolor, ni al tuyo, llora conmigo, que luego seremos toda-sonrisas

5 de febrero de 2010

Le encanta escucharme delirarla
saber que aún está en mí
reencontrarse con la magia
que mi corazón logra fijar con tinta.
La llevo conmigo y sonríe al saber que me acompaña


Ya es tarde

Sos presencia constante en mi memoria
traída a flore con el simple temblor de mis cortinas
con la brisa azotando mis ventanas
con aquel libro que me hace guiños desde la repisa.

Me venís fluida y constante
como agua que gotita a gotita
sin temor, avanza silenciosa
escurriéndose por debajo de la puerta.

Cuando me invadís de esta forma,
es tarde para ponerte los límites
para espantarte con el azote de la puerta.
Porque te me comenzás a subir por todo el cuerpo
como si estuviera echa de esponja.

Cuando te descubro humedeciéndome la pieza
es porque a mí ya te me calaste hasta los huesos
ya me pusiste los pies pesados
me dejaste los escalofríos programados en el cuerpo
ya es tarde mi amor, para no pensarte.
No dejo de pensarla tan mía, tan cercana.
Cierro los ojos y su ternura me invade,
esa ternura tan suya.
En magnífica complicidad nuestros ojos se encuentran.
Pienso en ella como nunca
y en esas ganas de tenerla cerca de nuevo
de reposar en esa candidez que sólo en sus brazos encuentro
Estoy enamorada y eso me asusta porque muchas veces
me perdí de mí misma en ella.

En mi recuerdo

Te recuerdo feliz
transgrediendo paraísos
sonriendo atardeceres
con tus libros bajo el brazo
sorteando cerrojos, caminos prohibidos
con tus libros, un cojín y todas tus ganas
tu pelo inmenso extendido en la hierba
y la canción infinita de aleteos diversos.

7 de enero de 2010

Tu silencio

Sos mirada espejo, silencio elíptico donde me pierdo, tú mirada disonante, agujero negro, sonrisa etérea, sos presente y también recuerdo, oscuro presagio, divino augurio, sos dolor en el vientre, y palabras cuchillo, por eso no puedo verte, porque tus silencios me traen preguntas, para las qué no sé si tendré respuestas.

Círculos perpetuos

 

A veces siento que mi papel en el mundo es exorcisarla, satisfacerla, hacer lo que siempre quiso y no la dejé. Soy a la vez frustración y renacimiento, pero no, no soy extensión de su melena, ni siquiera de su mirada, mucho menos de sus sueños.

Cómo nos marcan sus miradas, las palabras, las historias de nuestras madres? Madres nosotras también, hijas, abuelas, círculo de creación infinita. Círculo de perpetuación de ángeles y demonios, que no nos dejan flotar en el mundo. Herencia de sentidos contradictorios, de sueños que te amarran a la tierra, que nos vuelven árbol-semilla y nos refuerzan con el vínculo de estas horas.

Ahora no podremos volar por sobre las ánimas, desprendernos del cuerpo y conocer galaxias. Trabajosos camino el que nos dejan para recorrer, el enigma del dolor y de la muerte. Sólo después de la muerte, sólo después de la luz, primero el calvario, el purgatorio y personificar a Judas y María. La abnegación sumisa y la traición consciente, somos todas las historias que escuchamos, todas las visiones que tuvimos, y todo aquello que nunca alcanzamos.